"La diferencia entre un turista y un viajero reside en que cuando un turista llega a un sitio sabe exactamente el día que partirá. El viajero, sin embargo, cuando llega a un lugar, no puede saber si acaso se quedará allí el resto de su vida" Paul Bowles.

lunes, 31 de octubre de 2011

Tiwanaku (la chakana).


(Terraza de “El albergue verde”. Miraflores, Lima. 22 de septiembre de 2011. 20.30 horas.)

-Yo era una gran admiradora de los incas, pues. Pero cuando viajé a Bolivia y vi Tiwanaku, me decepcioné mucho. ¡Los incas se habían copiado de ellos en todo! ¡Así no tiene mérito!

-Mujer, más que decir que se copiaron, habría que decir que los incas “provienen” de Tiwanaku. Es la continuación de un legado que…

-Es como si uno dice, no sé… ¿Qué país inventó la computadora?

-…además desarrollaron y perfeccionaron.

-...lo importante será el país que la inventó, ¿no?

-A  mí lo que me dio curiosidad es que entonces cobra sentido la leyenda de Manco Cápac.

-¡Manco Cápac! Eso son paparruchas que les cuentan a los turistas… ¿Quién se va a creer que un hombre salió del centro del lago Titicaca? ¡Con lo fría que está el agua!

-Es una leyenda, Katia. Las leyendas siempre tienen un fondo de verdad.

-Yo viví una temporada en Puno. Con las tonterías, íbamos a bañarnos al lago. Yo no aguantaba ni diez minutos…

-Pues diez minutos es mucho tiempo.

-¡Y era en la orilla! ¡Imagínate en el centro del lago!

-Katia, es una leyenda. ¿No sabes lo que es una leyenda, un mito? Es como lo de Adán y Eva. Lo de Adán y Eva tampoco es verdad…

-Por favor, Eduardo, no se puede comparar. ¡Lo de Adán y Eva sí que es verdad!


En una isla del lago Titicaca se erigió Tiwanaku, la capital del imperio. Mil quinientos años antes de Cristo ya estaba allí, pequeña aldea de pastores de llamas y agricultores que vivían en casas de adobe, tejían la lana, y deshidrataban la papa para conservarla en forma de “chuño”, tal y como yo he visto hacer en la actualidad. Pero no fue hasta el siglo VIII que la cultura Tiwanaku se expandió. Habían conocido el bronce, y eso les dio una ventaja fundamental en el arte de la guerra. Pronto dominaron el norte del actual Chile y el sur del actual Perú, de la sierra a la costa, así como la práctica totalidad de los Andes bolivianos. Fue el primer gran imperio de Sudamérica. Hoy en día, las aguas se han retirado, y las ruinas de Tiwanaku, la capital del imperio, se encuentran en tierra firme, a quince kilómetros del Titicaca, y a setenta de la ciudad de La Paz.



Estudiando la cultura Tiwanaku encontramos, ya casi perfectamente desarrollados, todos los elementos que definen al glorioso Imperio Inca. Los tiwanaku conformaban también una sociedad teocrática que adoraba al Sol, y en su mitología está ya la figura de Wirakocha, el dios ordenador del cosmos que había prometido volver a la tierra algún día, y al que los incas confundieron con los españoles. En su iconografía se observa también la trilogía de animales sagrados (el cóndor, el puma y la serpiente) en correspondencia con los tres mundos de los que luego hablaré. Los tiwanaku asimismo rendían culto a los muertos, y utilizaban sus momias en posición fetal durante los ritos al dios sol. En los aspectos más prácticos, tenían profundos conocimientos de astronomía y habían compuesto un calendario. Consumían la hoja de coca como alimento y la usaban también de forma ritual. Usaban terrazas de cultivo con sistemas hidráulicos de irrigación. Su cerámica era similar a la inca, y sus orfebres trabajaban el bronce, el  oro y la plata. Pero, sobre todo, conocían la chakana, con todo lo que ello implica.


La chakana o “cruz andina” es el símbolo de todo un sistema de pensamiento ancestral que sigue vivo en el mundo andino. La chakana (“puente hacia lo alto”, “escalera sagrada”) representa en vertical la correspondencia entre los tres mundos:  el Uku Pacha (“mundo de abajo” o “mundo de los muertos”) el Hanan Pacha (“mundo de arriba o supraterrenal”) y el Kay Pacha (“mundo del presente terrenal” o “lugar de encuentro”). En horizontal, representa la complementariedad o el dualismo del Todo: lo masculino y lo femenino, el sol y la luna, el día y la noche, la tierra y el agua, la fuerza y el sentimiento, el bien y el mal. Para el hombre andino todo es complementario, todo está en todo, todo está relacionado. Lo grande y lo pequeño, lo futuro y lo pasado, el mundo de arriba y el mundo de abajo. El ser humano es un nudo más en esa red, un centro de relaciones cósmicas. Y es un centro fundamental, porque él es el encargado de mediar entre los contrarios. Para el hombre andino todos sus actos son sagrados, todos sus actos son ordenadores del cosmos. Todo es rito. Él es el encargado de mantener las correspondencias y la armonía. Entre el cielo y la tierra. Entre el pasado y el futuro. Entre los cerros y las lagunas. Entre los muertos y los que han de llegar. Que nada cambie. Que las relaciones no se rompan. Que todo permanezca en armonía. Es la labor del agri-cultor: el que rinde culto a la Pachamama. El cuidador de la Tierra.

En 1200 d.c. el imperio Tiwanaku se disolvió en beneficio de los señoríos aymaras. Unas cuantas familias tiwanakus emigraron, atravesando el lago Titicaca, hasta asentarse en el Valle del Cuzco, donde pronto dominaron y lideraron a las poblaciones autóctonas. Fue el comienzo del Imperio Inca. Así adquiere justificación histórica la famosa leyenda fundacional, según la cual Manco Cápac, el primer inca, surgió junto con su mujer Mama Ocllo del lago Titicaca y, por designio de Wiracocha, peregrinó por los cerros hasta encontrar el lugar donde se hundió hasta el fondo su báculo sagrado. Habían llegado a Qosqo. Cuzco, el ombligo del mundo.

Manco Cápac diseñó Cuzco con la silueta de un puma, el símbolo de Kay Pacha, el “lugar de encuentro” con el Todo y, con el tiempo (todo está en todo) los territorios conquistados por el imperio inca, el Tahuantinsuyo, adquirieron la sagrada forma de la chakana.  El imperio inca es un símbolo del cosmos.


-¿Ves? Tú te crees lo de Manco Cápac y yo creo en la historia de Adán y Eva. Estamos empatados.

-Yo no he dicho que… bueno, es igual.


Tiwanaku es el primer gran imperio de Sudamérica, y los inmediatos predecesores del esplendor inca, pero sólo es un eslabón más en la cadena de transmisión de una forma de pensar y sentir el mundo que se remonta a muchos siglos de antigüedad. Hasta hace poco se pensaba que la “cultura madre” de los Andes era la cultura Chavín, que se desarrolló en los Andes centrales del Perú, entre 900 y 200 a.c., pero el descubrimiento en los últimos años del siglo XX del impresionante yacimiento de Caral ha hecho desplazar el foco fundacional a los desiertos costeños, y retroceder el período formativo hasta el 5.000 a.c., con lo que la civilización Caral, y por ende la cultura andina, serían coetáneas de Mesopotamia y Egipto, y con mucho la más antigua de América. En 2009 se descubrió un templo en forma de chakana en Ventarrón (Lambayeque), en la costa de Perú,  que data al menos del 4.000 a.c., y yo mismo, en la extraordinaria obra hidráulica pre-chavín de Cumpe Mayo, cerca de Cajamarca, he visto chakanas que se esculpieron en la piedra hace más de tres mil quinientos años.

El imperio de Tiwanaku coincidió en el tiempo con el de Wari, que dominó los Andes peruanos centrales y norteños, y que tenía su capital muy cerca de la actual Ayacucho. En 1200, coincidiendo con la desaparición de Tiwanaku, Wari dio paso a la Confederación Chanka. En Vilcashuamán, a 118 kilómetros de Ayacucho, los incas edificaron sobre las ruinas chankas su Templo del Sol. Y sobre el templo de los incas, edificaron los españoles el suyo.


Caral, Chavín, Tiwanaku, Wari, Cuzco. Ahora todo son ruinas. Y lo que no son ruinas, como en Cuzco o Vilcashuaman, son el basamento de construcciones coloniales. Pero cualquiera, cualquier occidental, que haya visitado una comunidad quechua o aymara, sabe que la chakana está en pie en el corazón de estos hombres y de estas mujeres. Como escribió Neruda, “el reino muerto está vivo”.


-...

-¿Y que estás, jugando al fútbol?

-No. Matando zombis. Tengo que conseguir muchos puntos para comprar más juegos.

-…

-¡Vaya! Se acabó la batería. 









2 comentarios:

  1. Vaya Eduardo, a ti se te acaba la batería y por aquí, comienzan a desfilar zombies por las calles.

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  2. Muy buena investigación. Hace falta gente como tu, que sean muy capaces para hacer estudios sociológicos en Bolivia...

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